Enseñar a aprender: nuestro mayor reto.

Hace ya algún tiempo que venimos hablando en el mundo educativo de metodologías, prácticas educativas y demás. En ocasiones, surgen con los colegas de profesión dudas, cuestiones y preguntas sobre cuál es la metodología más adecuada para desarrollar en el aula y por qué. Pero si analizáis esas conversaciones que podáis tener, caeréis en la cuenta, de que ninguna metodología es perfecta ni cien por ciento eficiente. ¿por qué? nos preguntamos en muchos momentos. Por la sencilla razón de que un grupo-clase es un ente vivo y, a la par, muy diverso, donde conviven pensamientos, formas de aprendizaje, caracteres, inquietudes e intereses muy, pero que muy dispares.

Partiendo de esta premisa, y bajo mi humilde opinión evidentemente, los maestros tenemos un objetivo final en la escuela y sociedad de hoy en día: ENSEÑAR A APRENDER. Desde muchos, pero muchos años, sabemos que el niño aprende básicamente a través del juego, la práctica y la experimentación en primera persona. De esta forma, el aprendizaje tradicional e individualísta, escaso de manipulación y pensamiento, pierde todo el sentido.

Desde hace tiempo, y más aún desde que aparecieron las famosas competencias que a muchos opositores traen por la calle de la amargura, está más que claro que el niño aprende haciendo, manipulando, en actividad constante. Y a esto es a lo que debemos enfocar nuestros esfuerzos los maestros y maestras de hoy en día, principalmente en la infantil; porque es en esta etapa en la que los niños desarrollarán su forma de aprendizaje y sus herramientas para el mismo.

¿Qué quiero decir con todo esto? Simple. Como maestros, debemos ofrecer a nuestros alumnos las herramientas, situaciones y actividades necesarias para responder a sus inquietudes e intereses, permitiéndoles  a cada uno aprender según su estilo de aprendizaje. Porque el estilo de aprendizaje no se enseña, se desarrolla. Si enfocamos nuestros esfuerzos en esta línea, los resultados de nuestros alumnos serán mucho mejores. Y no solo eso, si no que les estaremos ofreciendo la posibilidad de desarrollar un estilo de aprendizaje propio, adaptado a él mismo y que, por tanto, responderá a todas sus necesidades globales y puntuales.  De ahí la importancia de una metodología activa y participativa. Si no dejamos al niño “hacer” nunca podrá poner en práctica su manera propia de aprender, por lo que tendrá que estar constantemente en proceso de adaptación a otros estilos. Esto es, simplemente, una perdida de tiempo para nosotros y para ellos.

¿Qué tiene esto de importante? Que la forma de aprender nunca se olvida, por el simple  echo de que es innata a nosotros mismos, por lo que les acompañará a lo largo de todas las etapas educativas y de toda su vida. Tal vez, si conseguimos en infantil  y primer ciclo de primaria, que el niño sea capaz de aprender de forma autónoma y libre (sin perder de vista los objetivos,evidentemente. NO se trata de que aprenda lo que quiera, sino COMO QUIERA), seguramente facilitaremos muchísimo su paso por la escuela, el instituto e incluso la universidad.

Ese debe ser uno de nuestros principales objetivos en el aula. Potenciar el desarrollo de una forma de aprender propia, e individual que por ende, para el niño será significativa y que acelerará la interiorización de conceptos, contenidos y demás.

Nadie dijo que fuera a ser fácil, por eso es nuestro mayor reto.

 

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